
«Adhesivos» titula Vila-Matas este artícul. Quiero leer un paralelismo de escenas y acontecimientos, el que narra que le sucedió a él y el que una vez contó Monterroso que le sucedió con Rulfo en un taxi también. Vila-Matas comparte taxi con «un joven con aire de poeta» porque diluviaba y no había taxis suficientes. Y no paró de hablar, monologar, por lo que compruebo, sobre lo mal que estaba todo, sobre el «movimiento aftergoogle». Y llegó a su destino lo que permitió a Vila-Matas concentrarse en el ojo, ojo, en el ojo de la tormenta que asolaba Barcelona. Y la poesía era aquello, el silencio que se produjo cuando aquel yo poético abandonó el taxi al comentario del taxista: «Ese joven hablaba muy bien, ¿se ha fijado? Pero que muy bien. Y sabía preguntar». Este hecho le recuerda, de ahí la naturaleza adhesiva, lo que he venido en denominar paralelismo, le recuerda, decía, a una anécdota similar que les sucedió a Rulfo y Monterroso al final el taxista decía sobre Rulfo -que se había parado contándole a Monterroso su próxima novela (Pedro Páramo)- durante el trayecto «Ese hombre contaba muchas historias…». Es la gran capacidad que tiene este tipo, don Vila-Matas, para hilvanar, relacionar y jugar con tantos jugadores como necesite, un auténtico partido de literatura.
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