
El miércoles subí esta fotografía a X y me sorprendió su resonancia.
A día de hoy, algo inusual en mis tuits, tiene ochenta y tantos favoritos y ocho retuits. No sé qué fue lo que gustó, si el tono, el registro o la palabra enganchaera. Pero desde luego que sí, que sigo muy enganchado a este libro, al que le dedico los ratos libres que me va dejando el día y mis obligaciones laborales y familiares. Como llevo leídas doscientas de las seiscientas veinte páginas y las estoy disfrutando mucho no me extrañaría que, finalizado, comience de nuevo a leerlo. Además, estoy llenando sus márgenes con mis notas y subrayándolo sin compasión porque me está enseñando más que cualquier manual de literatura universal. Eso fue el miércoles.
Hoy me he quedado pensativo durante unos minutos después de leer estos párrafos. Son magníficos:
Es conocido que George Orwell dijo que ‘la autobiografía solo es fiable cuando revela algo deshonroso’ (‘un hombre que ofrece un relato positivo de sí mismo probablemente miente’). En tal sentido, al menos, lo que sigue es tan verdad como el Evangelio.
Las chicas no intelectuales (incluidas las filisteas y las bibliófobas confesas) son una cosa, y las chicas que posan para revistas de desnudos son otras; y las chicas en el límite de la criminalidad son asimismo otra cosa –pero ni siquiera las escort girls, las escort girls no retiradas, las escort girls que se dedican a su trabajo son ajenas a mi experiencia (o mejor, su experiencia); en este contexto, las palabras le llegan a uno con más facilidad cuando se emplea el taparrabos de la tercera persona.
–Martin Amis en Desde dentro (Anagrama, 2021)
El taparrabos de la tercera persona es una expresión genial. De hecho, una de las genialidades de este libro es el uso que hace Martin Amis de la tercera persona para referirse a sus industrias y andanzas. Genial, de verdad. Además, algo que me está sorprendiendo es esa capacidad que tiene para insertar estas reflexiones en torno al uso de las herramientas básicas para la narración y la creación de literatura. Estoy aprendiendo mucho, aunque lo diga en primera persona.
Por otra parte, ¿quién no está de acuerdo en lo que afirma George Orwell? Las autobiografías que merecen la pena son aquellas que muestran la miseria del hombre, su falla moral y ética, su imperfección. Realmente es lo único que nos une a otros hombres, la imperfección de nuestra naturaleza. Por ese motivo, tantos diarios y memorias, impolutas, se vuelven ahogadizas porque, donde no encuentras rebabas, solo hay desfachatez egotista. Menos mal que Dios siempre nos salva.
Eso fue el miércoles, en el que también me publicaron la reseña de El festín de la palabra, de Rosa Navarro Durán, en Zenda: https://www.zendalibros.com/un-festin-luminoso/. Mi hijo le encontró una errata. El libro de Rosa Navarro está destinado, entre otros, para aquellos que tienen aún prejuicios oxidados acerca de los clásicos literarios españoles. Descubrí, porque he de reconocer que lo desconocía, a don García, que es el protagonista del capítulo 18, que nos recuerda que el que miente ha menester gran ingenio y gran memoria. Personaje que aparece en La verdad sospechosa, de Juan Ruiz de Alarcón, y que debería leer pronto para conocer muy bien al mentiroso de mentirosos, ese protagonista noble, don García, que se hace inolvidable por su defecto: es un mentiroso compulsivo, […] pero un maestro en improvisar mentiras, cosa que hace con imaginación e ingenio. Dime si, como a mí, no has recordado ahora el nombre de algunas de las personas más mentirosas que te hayas encontrado en tu vida. A mí sí.
El lunes leí dos maravillosos artículos: uno sobre Mariano Ozores y otro de Andrés Barba. El de Mariano Ozores estaba escrito por Luis Landeira, y me sedujo tanto que me llevó, irremediablemente, a ver una película que nunca había visto y que sintetizaba todo lo que decía ese artículo, Los bingueros, y cuyo título es “Metapolítica de Mariano Ozores”: https://ideas.gaceta.es/metapolitica-de-mariano-ozores/
También leí, incluso extracté en mi cuaderno, una reseña de Andrés Barba sobre el nuevo libro de Celso Castro, autor que leí hace mucho tiempo y que pensaba que había dejado de escribir. Su artículo es magnífico y se titula “El gran ensueño, de Celso Castro. Una educación sentimental cruzada por la dulzura” y supone un claro ejemplo, desde mi punto de vista, sobre cómo se debe escribir sobre libros: https://cuadernoshispanoamericanos.com/el-gran-ensueno-de-celso-castro-una-educacion-sentimental-cruzada-por-la-dulzura/
Así que en esta tarea está quien escribe: ilustrándose y en un proceso de continua alfabetización crítica. Cuando se escriben reseñas no se debe mentir. Cuando se escriben reseñas, si hace falta, el crítico ha de usar un taparrabos, pero, por favor, que diga la verdad, que revele la mierda o el manjar que es el libro que tiene entre sus manos. Por desgracia, hay mucho crítico quedabién, mucho crítico de don García. A nuestra literatura le iría mejor, muchísimo mejor.
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