
Suelo abandonar muy pocos libros una vez que decido leerlos. Pocos, por no decir ninguno. Y digo ninguno porque reseño y escribo críticas sobre ellos y asumo que por mis ojos y cerebro tienen que pasar libros buenos, mediocres y malos. Me sucedía cuando realizaba informes de lectura de autores desconocidos y los evaluaba. De alguna forma, con aquello hice callo, como se suele decir.
No recuerdo cuál fue el último libro que abandoné. Evidentemente sí recuerdo el título del que he abandonado hace dos semanas y terminé leyéndolo en diagonal diagonalísima. Y lo abandoné porque empecé a comprobar que fragmentos de sus capítulos ofrecían una prosa, una sintaxis familiar, unos datos muy peripuestos. Supongo que este sentido lo he ido desarrollando con los años, y de manera inconsciente. Te suena a algo, se parece a algo, es como si… Y efectivamente, aciertas: en este caso eran fragmentos literales a los que encontré en Wikipedia.
Hoy, con internet, donde podemos acceder a la información en dos pispás y un santiamén, la copia de texto resulta técnicamente trivial, por lo que la atribución se ha convertido en uno de los pilares éticos y legales más importantes de la creación intelectual. Si bien el libro del que hablo incluye una extensa bibliografía, que es cortesía académica, es necesario señalar la atribución como un principio fundamental que permite que el conocimiento circule de forma justa y sostenible.
Wikipedia, de hecho, es, probablemente, el mayor exponente de este modelo colaborativo. A Dios gracias. Fue concebida como una enciclopedia libre y abierta, y se sustenta en el esfuerzo voluntario que hacen miles de editores. Hay que recordarles a algunos escritores y autores que escriben ensayo que sigue existiendo la licencia Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual (CC BY-SA). Esta licencia no significa que sea “todo gratis”, sino que te permite reutilizar, modificar y redistribuir el contenido, pero exigiéndote dos condiciones claras e ineludibles, que no he encontrado en el libro al que me refiero.
La primera es lo que se denomina ATRIBUCIÓN, que consiste en distinguir, de manera visible, la autoría original, que en este caso significa reconocer el trabajo de los editores de Wikipedia y la propia plataforma. La segunda es ese raro compuesto sintagmático llamado COMPARTIRIGUAL.
No soy un experto en derechos de autor, a pesar de haber realizado un máster en edición que por poco me hizo editor, pero gracias a este sistema y a estas licencias, Wikipedia se ha convertido en una herramienta esencial para estudiantes, profesores, periodistas y lectores curiosos. Yo mismo, por ejemplo, en mis clases de Literatura Universal, recurro a ella sin cesar para glosar los argumentos de las obras literarias que vamos analizando. Sin embargo, pienso que el éxito de Wikipedia depende, precisamente, del respeto a esas reglas. Cuando un libro comercial, del que ofrezco las imágenes de los textos literales, reproduce o parafrasea fragmentos enteros de artículos de Wikipedia sin citarlos en la bibliografía, ni señalando la fuente, no solo está incumpliendo la licencia CC BY-SA, sino que está rompiendo el pacto implícito que hace posible este enorme repositorio colectivo de conocimiento. Y yo, irremediablemente, me siento incapaz de seguir leyéndolo, como me ha sucedido. Es, en cierto sentido, un fraude.
Es más, he pensado en lo fácil que sería armar un libro si cualquiera de nosotros acudiese a la consulta de Wikipedia (en un santiamén) para copiar y parafrasear sin atribuir. Es evidente que se pierde una oportunidad educativa, además de que se le priva al lector de conocer el origen del texto, dificultándole la posibilidad de contrastar, si elige ampliar y verificar, la información que el autor le ofrece. Esta práctica ha sido, en definitiva, una forma de invisibilizar el trabajo colectivo que sostiene gran parte del saber común disponible en internet.
Parece que me estoy poniendo muy grave, pero es que la atribución no es un formalismo legal, amigos. Es un acto de honestidad intelectual que distingue entre quien genera conocimiento y quien simplemente lo traslada. En el fondo, si respetas las licencias Creative Commons estás demostrando tu coherencia intelectual, y cómo no, personal: quien se beneficia de la cultura libre debería contribuir a su sostenibilidad. Así de sencillo.
El libro al que me refiero es Algo quedará de mí. Historia de diez heroínas de la Resistencia en el campo de Ravensbrück, de Mercedes Monmany. Está editado en Galaxia Gutenberg en febrero 2026. El libro es un manantial de datos biográficos sobre las diez protagonistas, algunas de ellas asesinadas en el campo de concentración de Ravensbrück. Datos, datos biográficos y anécdotas personales y familiares que se entrelazan con las causas que llevaron a estas mismas mujeres a unirse a la Resistencia contra los nazis, incluso conociendo las consecuencias que podían acarrearles. Desde el punto de vista del tratamiento de estos datos, he de decir que el texto apabulla por su profusión, porque rebosa de nombres, fechas y curiosidades, en algunos momentos, morbosas. Esto me ha llevado a considerar que, por la naturaleza de lo elegido para construir el texto, la autora ha escrito un texto propenso a la anarquía y al desorden, sobre todo estructural, ya que es evidente su falta de estructura interna y subcapitular, aunque no lo voy a definir como un batiburrillo por la razón que sigue a continuación. Además, si bien el libro tiene una hilaza argumental y temática, entre otros motivos porque todas las protagonistas estuvieron en dicho campo de concentración, las líneas de fuga del texto se dispersan tanto que no entiendes esa querencia hacia el enciclopedismo con el que rezuma la obra. Pero claro, aquí radicaría, pienso yo, la causa por la cual la autora del libro haya preferido, en algunos momentos, aplicar ese sibilino corta y pega desde Wikipedia y quién sabe -¡no lo voy a comprobar!, y tampoco lo afirmo- desde toda esa parafernalia bibliográfica que anexa al final.
Los fragmentos que he encontrado idénticos en Wikipedia no son numerosos. No crean que son decenas. Son solo cuatro. He de advertir, y lo hago ahora, que mi análisis no ha sido, por supuesto exhaustivo. Me he tirado de cabeza a Wikipedia cuando mi intuición me lo decía y podía sonar la flauta, o cuando ese sentido crítico que he ido desarrollando con años de lecturas me decía: ¡hey, esto suena RARO! Y así, en los cuatro textos que me ha dado por sondear, he acertado. Tengo que advertir que desconozco si son todos los que existen o aún faltan algunos más. De todas maneras, las mimbres del libro hacen que me pregunte si esa deshonesta práctica no solo ha sido practicada con Wikipedia sino con parte de la bibliografía que ofrece la autora en el anexo bibliográfico. No lo sé porque no lo he contrastado. Lo que sí he de decir ahora, y lo subrayo, es que no pienso invertir ni un minuto más en el asunto.
¿Cuál fue el primer texto que levantó las sospechas? Uno referido a la sanguinaria Irma Grese. Acudo a Wikipedia para profundizar en saber quién era esta mujer, puesto que ya había leído algo sobre ella hace unos años. Es en ese momento cuando descubro la primera porción del pastel. Estamos en la página 167 del libro de Monmany:



Si bien me permitió seguir leyendo sin darle más importancia, de manera aleatoria, por pura curiosidad, busqué de nuevo una información sobre Marie Skobtsova (¡vaya vida, por Dios!) y me quedé ojiplático con la paráfrasis que realizaba Monmany que me llevó a pensar en un primer momento si ella sería la creadora y editora de tales entradas.

Página 210 de Algo quedará de mí, de Mercedes Monmany


De esta misma protagonista, de cuya vida, como he dicho, me quedé muy prendado y hasta perturbado, Monmany utiliza otro fragmento más:



Por último -ya les he dicho que no me he puesto a buscar exhaustivamente más ejemplos- el último fragmento que comparé fue al azar. Lo hice movido por la protagonista, que tuvo un affaire con el mismísimo Kafka. Y por desgracia, di en la diana de nuevo. No sé qué me movió a buscar ese preciso párrafo, pero como se puede comprobar, son dos párrafos casi idénticos: uno literal del otro.



Son solo cuatro fragmentos y alguien podría pensar que no es para tanto, pero sí es para mucho si consideramos quién edita y quién escribe. Insisto, desconozco si existen más fragmentos literales o parafraseados extraídos de Wikipedia o de la bibliografía que anexa la autora al final del texto. El tiempo que voy a dedicar a este asunto es el tiempo que me ha llevado escribir esta entrada para mi blog, que también versa, si puedo denominarlo así, sobre crítica textual.
Traigo este hecho aquí porque me ha hecho reflexionar sobre la práctica editorial actual, sobre las presiones que existen para publicar rápido y a cualquier precio con el fin de vender antes y más y copar, rebosar diría yo, las mesas de novedades en las librerías. No quiero entrar en la falta de revisión que delata este hecho. ¿Quién revisa los textos que salen publicados? ¿Qué diferencia hay, entonces, entre divulgación y plagio académico?
He de reconocer que todo puede deberse, por qué no, a un error de la autora, del editor o del mismo corrector. Mi propósito no es estigmatizar ni a la obra ni a la autora, sino manifestar cuál ha sido la causa de mi abandono de la lectura de este libro, que he leído, desde que detecté estos fragmentos, de manera muy diagonal.
También tengo que añadir, y voy finalizando, una advertencia: si la autora o la editorial desean aclarar el origen de estos fragmentos, estaré encantado de publicar su respuesta en este mismo espacio.
En última instancia, estas capturas que muestro nos recuerdan una verdad sencilla pero fundamental en la era digital: citar fuentes abiertas no es una carga burocrática, sino un acto de respeto y de responsabilidad intelectual. Wikipedia y otros recursos bajo licencias Creative Commons existen precisamente para ser utilizados, pero su valor colectivo solo se mantiene cuando se reconoce su origen. Copiar sin atribuir no solo vulnera la licencia, sino que erosiona la confianza en el propio texto que lo hace, como me ha sucedido a mí con el abandono de su lectura.
La transparencia no es un detalle menor; es la base de cualquier discurso honesto, ya sea en un artículo académico, en un libro de divulgación o en una entrada en un blog como este. Estamos saturados de información, es evidente, y qué fácil resulta copiar y pegar. En realidad, la verdadera autoridad no proviene de la aparente originalidad, sino de la honestidad con la que manejamos las voces ajenas.
Aquí es donde los blogs independientes como este, que no se deben a nada ni a nadie, y los lectores críticos que aún quedamos, desempeñamos un papel nimio, pequeño y modesto pero muy necesario. Mientras las grandes editoriales, y Galaxia Gutenberg es una gran editorial, y los medios tradicionales siguen teniendo mecanismos de control limitados, espacios como este permiten señalar, documentar y reflexionar públicamente sobre estas prácticas. No trato de fiscalizar, sino de mantener viva la conversación sobre la ética intelectual que debe mostrar un escritor y un autor.
Al fin y al cabo, cada vez que elegimos citar con rigor, aunque la fuente sea libre y accesible para todos, estamos decidiendo qué tipo de cultura intelectual queremos construir: una basada en el reconocimiento mutuo o una basada en la invisibilización del esfuerzo ajeno.
¿Qué clase de lectores queremos ser, y qué clase de autores deseamos apoyar?

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